A menudo se oyen comentarios relacionados con la confianza percibida/competencia percibida, tanto a nivel individual como grupal, basados en argumentos meramente opinativos que se encuentran muy alejados de la interpretación científica.
domingo, 15 de marzo de 2009
los referentes de la competencia percibida
domingo, 15 de febrero de 2009
otra autotrampa: la profecía autocumplida
Leía esta semana en el DV (15/02/09) la reflexión que realizaba un entrenador sobre lo acontecido con su equipo en el partido del fin de semana. En ella, señalaba su temor por la respuesta anímica por lo ocurrido en el partido anterior: “tenía cierto temor y ya le había dicho a la gente, antes del partido, que nos podía afectar para no quedar de listo”. “No es una excusa, es un fallo nuestro”.
En este caso considero que se producen dos autotrampas por parte del entrenador. La primera referida al “efecto pigmalión o profecía autocumplida”, ya que el hecho de anticipar comportamientos negativos hace que aumente la probabilidad de que se produzcan como así ha sucedido. En segundo lugar, recordar sucesos erróneos o negativos pasados facilita la aparición de pensamientos negativos asociados a los mismos, es decir, se trae al presente algo que quizás el jugador ya lo había olvidado, que es lo que normalmente suelen hacer los deportistas competitivos, salvo que momentos antes de salir a disputar el partido se lo recuerden.
La combinación de estos dos elementos durante la competición hace muy difícil, casi imposible, que los deportistas rindan lo que valen y puedan desarrollar todo su potencial de rendimiento.
jueves, 22 de enero de 2009
el cambio de la dificultad percibida y su relación con la motivación y activación
Durante la disputa del torneo de golf Johannesburg-09, en Sudáfrica, comentaba con un golfista la importancia que tiene el hecho de estimar de forma acertada la dificultad del campo y mantenerla a lo largo de toda la jornada, aunque ocurriesen cosas que, en principio, invitaran a cambiarla.
En primer lugar, si desciende el nivel de dificultad percibida el objetivo de logro planteado al iniciar la competición pierde su valor y desaparece el sentido de reto y de ambición que debe poseerlo, lo que afecta negativamente a la motivación.
En segundo lugar ¿es posible que un deportista frente a una situación de baja dificultad pueda dar todo lo que vale? Sinceramente creo que no. Para que un deportista pueda dar lo mejor de sí mismo debe de activarse de forma óptima, y esto sólo se consigue en situaciones muy significativas en las que se requiera máxima exigencia contextual.
En tercer lugar cambiar la dificultad percibida durante la competición supone cambios de pensamientos, lo que nos lleva a una cierta inestabilidad en los mismos, cuando lo que se necesita es consistencia y estabilidad mental. Por eso, cuando todo esto lo hace el deportista, lo identificamos como auto-trampa.
martes, 20 de enero de 2009
cuando lo que se hace va en dirección contraria a lo que se piensa
Durante una de las sesiones que he trabajado con entrenadores en la que se abordaba el la importancia de la confianza para el óptimo desarrollo de las capacidades de los deportistas, uno de los presentes planteó una interesante reflexión.
Comentaba que había ido a ver al primer equipo junto a un jugador de su equipo para que observara los movimientos del jugador que se correspondía con su puesto y poder explicarle las cosas con mayor facilidad. La cosa se desarrolló según lo previsto: máxima atención del joven jugador a las explicaciones del entrenador, seguimiento continuo a las acciones que realizaba el jugador del primer equipo con extensos comentarios técnicos y otras pautas formativas con las que quería reforzar su competencia percibida y su confianza. “En dos palabras”, una tarde bien aprovechada.
Sin embargo, cuando el equipo juvenil fue a disputar el partido del campeonato correspondiente, el entrenador mantuvo al jugador en el banquillo durante todo el partido, sin disponer de minutos de juego. Es decir, que le presta atención durante toda la semana, le da instrucciones, le lleva al campo a observar al primer equipo y transmitirle confianza, pero cuando llega la hora de poner todo eso en práctica, le niega la oportunidad de poder hacerlo.
Menos mal que, en este caso, el entrenador se da cuenta al final del partido del error que ha cometido, se acerca al jugador y le comenta: “te veo un poco contrariado y tienes razón, me he dado cuenta de mi error cuando ya era tarde, pero no te preocupes porque el próximo partido saldrás a jugar desde el primer minuto”.
Es un excelente ejemplo que sirve para ilustrar lo que ocurre en numerosas ocasiones con las decisiones que toman los entrenadores, que sin darse cuenta se contradicen con los objetivos que persiguen.